23 ene. 2012

Zefiro Torna II de Monteverdi.

El segundo de los madrigales con este título prublicado por Monteverdi sigue un texto de Ottavio Rinuccini y aparece publicado en el Noveno libro de madrigales (1632).

Compone esta obra para dos tenores y bajo contínuo (y, además, ostinato la mayor parte de la obra) y adopta la forma de una ciaccona o passacaglia (bajo estandar para improvisar en el renacimiento), es el primer caso conocido de un dúo vocal que usa tal ritmo como acompañamiento. De la variettas del primer renacimiento llegamos a la repetición rítmica que nos asoma ya al mundo del barroco.


Este es el bajo ostinato de ciaccona  que representa la marcha alegre de Zéfiro retornando: 

Pero, ¿quién es ZéfiroPara los antiguos griegos era el dios mitológico del viento del oeste, hijo de Astreo y de Eos. Céfiro era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Se creía que vivía en una cueva de Tracia. La historia de Zéfiro es muy agitada por lo que inspira mucho la imaginación del artista. Esto es lo que nos dice el texto: 

Zefiro torna, e di soavi accenti
l'aer fa grato e'l piè discioglie a l'onde
e mormorando tra le verdi fronde
fa danzar al bel suon su'l prato i fiori.

Inghirlandato il crin Fillide e Clori
note temprando amor care e gioconde
e da monti e da valli ime e profonde
raddoppian l'armonia gli antri canori.

Sorge più vaga in Ciel l'aurora el Sole
sparge più luci d'or più puro argento
fregia di Teti il bel ceruleo manto.

Sol io per selve abbandonate e sole,
l'ardor di due begli occhi el mio tormento
come vuol mia ventura hor piango, hor canto.

Zefiro vuelve, y con dulces acentos
el aire encanta y libera a los pies de las olas,
y murmurando entre las hojas verdes,
hace bailar con su dulce sonido a las flores.

Con guirnaldas de cabello, Phyllis y Cloris
cantan canciones de amor, cariño y alegría
Y a través de los montes y valles, altos y profundos,
Redoblando la armonía de su canto en las cuevas.

Surge muy lenta en el Cielo la aurora del Sol
derrama luciendo el oro más brillante,
el manto celeste de Tetis con la más pura plata.

Solo yo por la selva solitario y abandonado,
el ardor de dos hermosos ojos, y mi tormento,
como exige mi fortuna, ahora lloran, ahora cantan.


Después de toda la polémica con Artusi  el mismo Monteverdi parece reírse de sí mismo y de los excesos de los madrigalismos y plantea un madrigal lleno de alegría e ironía. Las figuras musicales con las que representa al texto son tan evidentes y exageradas que solo puede tratarse de una parodia de sí mismo. 

El comienzo plantea una llamada y respuesta entre los dos tenores que produce sensación de fanfarria y a la vez de estar rodeado por ese cálido viento. 

Podemos "ver" como Zéfiro se acerca haciéndose más grande según se acerca y cómo nos rodea. 




Pero esto no es más que el comienzo. Así de onduladas son las olas a los pies de Zéfiro. Ondas de sonido y ondas en la partitura de la manera más gráfica, pero olas exageradas incluso para un madrigal. 


La música se mantiene en este ambiente, escalando montes y bajando a los valles, hasta que llega el momento en que "Solo yo por la selva solitario..." detiene el ostinato, y la música pasa de la fiesta al lamento más triste a semejanza de los lamentos operísticos. Escala menor, descensos cromáticos, disonancias amargas. Hasta que el comentario sobre su fortuna hace más drástico el contraste entre "ahora lloran, ahora cantan". 


Buena música y una historia divertida. ¿Te atreves a disfrutar más de ella buscando más madrigalismos e ironias de Monteverdi?  

¿Quién dijo que la música antigua era aburrida? ;)